El Tarajal (alias carajal), la invasión sarracena y el desfile de ministros
El ridículo fue de campeonato. Me parece imposible que hoy en día España no supiese nada. Las preguntas son:
¿Se enteró el CNI? ¿O no se lo creyeron en Defensa?
¿Fue Interior el que no hizo caso?
¿Para qué han ido tantos ministros? 7, incluido el presidente del gobierno.
Lo de la ministra de sanidad en Ceuta fue una bofetada sin manos a los ceutíes (después de 17 días tirados como una colilla). Tuvo el cuajo de decir en rueda de prensa allí mismo, sin filtro ni medias tintas: “ahora mismo relacionar inmigración con enfermedad es injusto y xenófobo, asociar inmigración con delincuencia y peligros es injusto y xenófobo.”
Y yo le pregunto:
¿Se puede ser más torpe y gratuitamente ganarse la antipatía de todo ceutí?
Esta mujer no ha leído las estadísticas de la Ertzaina sobre delincuencia. Decirle eso a una ciudad invadida por un número de personas equivalente al número de habitantes (qué miedo), con miles de personas todavía hoy deambulando por las calles, atendidas por las ONG, durmiendo, meando y cagando en cualquier sitio, gente con la vida puesta patas arriba preguntándose cuando acabará esta historia, para que venga la ministra 17 días después y les diga que son xenófobos.
Ahora un poco de humor.
¿Por qué Albares se puso este traje esos días?
Nota: la foto es malintencionada. Destaca en ella su escasa estura, el rimbombante uniforme -le falta un casco con plumas- y la cara algo sorprendida, con la boca entreabierta y las cejas alzadas. Pura maldad la mía y eso que me cae bien, por lo menos no es agrio ni prepotente al hablar. Diplomático de profesión, claro. Lo mío es puro antiwokismo.
Aprovechando el tirón…
Woke y Wokismo (un charco peligroso)
Para empezar el término no existe en español. Hay que usar “concienciado”.
En España, la «cultura woke» (o «wokismo») es un concepto importado de Estados Unidos que define una postura de intensa alerta frente a la injusticia social, el racismo y la desigualdad de género. Hoy en día funciona sobre todo como una etiqueta para debatir sobre la corrección política y los derechos de las minorías. Como sabéis todo lo importado de allí me rechina, como una tiza en la pizarra.
Yo no creo que los “distintos” o grupos específicos – sea por naturaleza o excentricidad – deban tener más o mejores derechos que el resto, pero tampoco menos ni estar discriminados.
Eso ocurre por una aplicación distorsionada de la ley y las reglas. En EE.UU., ser negro delante de la policía es peligroso, mucho más que si eres blanco. La población negra reclusa en EE.UU. son casi el 40% de los presos (cuando solo representan el 12% de la población). Ser mujer (o niña) intrínsecamente supone un riesgo de ser molestada, abusada o violada. Por tanto, estoy a favor de los espacios seguros para mujeres en Ceuta estos días o del conductor del autobús, como en Bilbao, que para cerca del portal de una viajera de madrugada. Eso no es discriminación positiva. Es sentido común, es que lo contrario es peligroso.
Lo woke se ha pasado de frenada; la cultura de la cancelación, si no estás conmigo estás contra mí, la asimetría moral entre el Islam y el Catolicismo, mirando hacia otro lado los hoy en día inaceptables hechos del primero y regocijándose en los errores y delitos del catolicismo pretérito (abusos sexuales, inquisición), hombre denunciado = violador o maltratador o potencial asesino, el vocabulario inclusivo, lo que dijiste o escribiste hace 40 años se utilizará en tu contra, inmigración todos son buenos y trabajadores, “yo si te creo, hermana”, etc. La pregunta es:
¿Ha conseguido la cultura woke sus objetivos?
¿Qué es más importante hoy, ser moral, o parecerlo?
¿Somos más conscientes o simplemente medimos con pie de rey cada palabra?
¿Se ha conseguido que una parte de la población esté harta de algunas chuminadas (con perdón) y el wokismo tenga un efecto contrario?
Como dice un cómico británico, “just because you are offended, does not mean you are right”, o sea, “el hecho de que te sientas ofendido no significa que tengas razón”.

