Esta es la historia de un robo elegante, con un guante de terciopelo, por un funcionario. Este hombre, entre avergonzado y con una sonrisa algo irónica, fue el brazo ejecutor.
Mi comportamiento fue ejemplar. Fui otro capullo que cayó en la trampa, sin rechistar y resignado.
El tonto español residente en Portugal sabe que la batalla está perdida, que enfrentarse a un funcionario portugués cobijado tras una aplicación es inmutable, un pedernal, no cabe protesta ni apelaciones.
Ese tonto soy yo, que con los años he aprendido a no enfadarme y buscar el lado bueno de la vida, por eso, evitando mirar su maliciosa cara, me entretuve con el móvil buscando donde almorzar un buen “Cozido à portuguesa” por Oeiras.
Para vuestra información el cocido portugués cuenta con carnes diversas incluyendo oreja y manitas de cerdo, col, zanahoria, alubias blancas o garbanzos, chorizo, sangre y morcilla (henchidos para nuestros amigos portugueses, incluida la farinheira que no se conoce en España), patatas y boniatos.
Muchas veces es buffet libre. El resultado es demoledor. En la foto, el cozido que me comí ayer 6 de noviembre del 2026.
La prehistoria de la historia
Importé un coche a Portugal. Después de contratar a una persona que me debía gestionar el cambio de matrícula en la enmarañada administración portuguesa, conseguí al cabo de dos meses obtener un papel, EL PAPEL.
Con ese PAPEL debía ir, personalmente, a una ventanilla, en Oeiras, Cascais o Lisboa. Para coger hora, por Dios, hay una página web diseñada por un grupo de monos aulladores. No se coge cita por teléfono.
Para haceros una idea, comencé el trámite en junio, me llegó el PAPEL a finales de agosto, y conseguí hora en la oficina de Oeiras para finales de septiembre, más concretamente el viernes 25 de septiembre de 2026. Había vencido a la administración, me sentí un hombre realizado, estaba orgulloso de mi.
Cambio de planes
El PAPEL debía convertirse en el carné de identificación del vehículo, con su chip. Nada de papel, todo en la nube.
El día 24 de septiembre una vocecilla me llama y dice que mi cita queda anulada por un problema informático. Le pido que me dé hora, lo antes posible. No, no, no, me dice con una risilla. Que te crees tu eso, españolito. Te vas a la misma página web, saludas a los monos aulladores, y sacas cita de nuevo. Todo en la nube, como debe ser.
Consigo la cita para el miércoles 28 de octubre de 2026.
El pádel
El viernes 23 de octubre fui a jugar al pádel. Me caí rodando como una pelota. Eso sí, gané. El problema es que a la noche el glúteo izquierdo empezó a inflarse, e inflarse, yo era un hombre a un glúteo pegado.
El sábado estaba rabiando. No podía sentarme, andaba fatal, lo de ponerme los calcetines y el pantalón era una quimera. Solo podía estar tumbado, de costado.
Allá que voy para el hospital. La médico me miró y palpó el trasero con verdadera admiración. Un glúteo, el izquierdo, era ya el doble que el otro. Había tenido una hemorragia y la cosa no se paró cómo y cuándo debía. La sangre se acumuló dentro de los músculos.
Tras radiografía y TAC me mandan para casa, que vuelva el sábado que viene, y si crece el melón, me pongo malo, duele demasiado o me mareo, que vuelva. No estaban seguros de que la hemorragia se hubiese parado. No tenía nada roto por lo menos.
Una semana de baja.
Dedicado a Oscar Puente. Miércoles, 28 de octubre, Oeiras
Ni que decir tiene que fui a Oeiras, conducido por mi mujer, con un par de muletas. Los c. me los dejé en casa, y ya veréis por qué.
Llegamos a la dependencia, silencio, y no hay nadie. Tiemblo. Cojo el número porque en Portugal sin la “senha” no eres nadie. Me acerco a la cristalera, hay unas 12 mesas de trabajo, y veo que hay un funcionario allá al fondo. Fijo la mirada en él, intento que levante la cabeza de la pantalla, e intento mis trucos de telepatía y telequinesia, nada.
Como siempre, mi mujer lo consigue. Viene el paisano con una sonrisa.
Dame el PAPEL, firma por aquí, firma por allá, carné de identidad por aquí, carné de conducir por allá. Oigo una exclamación en portugués, el paisano nos mira con preocupación. Me cago vivo.
El PAPEL está caducado. Expiró hace 5 días. El culo me duele a morir, estoy sentado sobre un cachete del mismo. Me pongo de pie del susto. Me acuerdo de los monos aulladores, de la aplicación que se cayó, pero el paisano dice: hay una solución.
Pagáis una multa de 55 €, total devengado 110 €.
La nube no atiende a razones, ni sabe que me pospusieron la cita, ni me avisaron de que el PAPEL caducaba, ni…
Con una gran sonrisa el paisano me dice que el carné me llegará por correo ordinario en… 1 mes. Genial. Me da otro papel para sustituir al PAPEL.
Pagué y me largué pensando en el cozido. Entonces me enteré del choque de trenes en España. Aquí en Lisboa murieron 16 personas hace un año por poner un cable de peores características que las indicadas en un funicular de Lisboa. Dimitió el presidente de CARRIS (empresa municipal, equivalente al ADIF nacional español) y todo el consejo de administración al cabo de un mes, tras conocerse el informe preliminar del Gabinete de Prevenção e Investigação de Acidentes com Aeronaves e de Acidentes Ferroviários. Aquí ha dimitido el ministro después de cargarle el muerto al controlador de turno. Feo, feo. Eso no se hace, falta de ética.
Dedicado:
A la nube y sus aplicaciones. Son hoy la excusa perfecta de la administración o cualquier otro mangurrino para no resolver nada en cuanto te salgas un milímetro de la aplicación que tienen delante. No hay atajos, no escucha, no atiende a razones. Es lo que hay, o como dicen los británicos, it is what it is.
Al cozido à portuguesa, por su flexibilidad, sobre todo cuando es buffet libre. Si no te gusta el pollo, no lo coges, si no debes comer patatas, las dejas, y si te gustan las manitas de cerdo, te pones morado de colágeno. Espero que los restaurantes sigan siendo flexibles y se adapten a tus gustos. ¿Os imagináis que la carne se hiciese de una única manera? Ni poco ni muy hecha…siempre igual.


