Preguntas sin respuesta (II)

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El ARTE (con mayúsculas)

No tengo ningún sentido artístico, soy un pedazo de pedernal con piernas; pinto y dibujo fatal, mi gama de colores no pasa de 10 o 12 (mi mujer distingue unos 200 por lo menos) y canto peor que un cuervo, tanto es así que de chico me echaron del coro. El arte solo me llama la atención salvo cuando una obra me produce un escalofrío, una sonrisa, admiración, sorpresa o simplemente me gusta. Como el vino o la serie de Netflix de turno, pulgares para arriba o para abajo.

El arte ha evolucionado y perfeccionado la técnica durante siglos. Solo lo mejor sobrevive y perpetúa, generando ideas, emociones o una visión del mundo de forma inesperada y cambiante. Desde las pinturas rupestres de hace 40.000 años a los impresionistas, cubistas o surrealistas del último siglo hemos pasado a esta banana:

O a esto (escultura titulada La Nada, con dos…)

Las dos preguntas que se me ocurren son bien sencillas:

¿Por qué hemos pasado a admirar y pagar por la banana o la nada?

¿Qué cataclismo neuronal infectó a la Humanidad?

Quizás la evolución implique también involución, y mis dibujos de personas sean obras de arte dentro de poco.

 ¿Como y cuando dejamos de admirar esto?

Caravaggio con 23 años, S. XVI, “Los jugadores de cartas” (algo tramposos, por cierto)

O esta escultura en mármol:

El napolitano Giuseppe Sanmartino, “El Cristo velado”, S. XVIII.

No quiero mencionar el arte generado por IA, última generación de arte digital, que es capaza de imitar, copiar o reinventar nuevas obras indistinguibles de las de hace 200 años.

Esta entrada se la dedico a la persona que sea capaz, de pintar, esculpir, cantar, o componer algo que me haga estremecer, por ejemplo:

Ley de bienestar animal

Esta ley del 2023 es muy ambiciosa, necesaria en un país con una plaga de mascotas abandonadas, un gratuito maltrato a animales (galgos colgados, caballos dando vueltas por Sevilla a 44°C, etc.) pero claro, la ideología impregnó la ley y se les fue la mano en algunos asuntos. Aquí vengo con dos preguntas:

  • Un perro no puede dejarse en casa solo más de 24 horas sin supervisión (3 días los gatos).

¿Y a la abuela que vive sola?

¿Quién la supervisa? Su marido, como casi todos, murió hace ya varios años y las visitas son cada vez más escasas.  La mayoría de sus amigas ya están muertas o en un asilo. Cada vez sale menos a la calle y ya tiene una colección de cazos quemados por su mala cabeza. Lleva colgando un botón para avisar a los servicios sociales por si tiene un problema.

  • Para sacrificar un perro o un gato se requiere un diagnóstico profesional para evitar un sufrimiento inútil por enfermedad incurable, dolor crónico o pérdida grave de calidad de vida.
  • Los veterinarios están contentísimos. Ya cobran más dinero por analíticas y otras pruebas (rayos X, etc.) que lo que me cobran a mí.
  • Perder una mascota es un dolor, pero más dolor es verla regular o mal, sin esperanza, mientras el veterinario te dice que se puede arreglar con esa operación y que no la sacrifica.

¿Qué haces? Un familiar se tuvo que gastar un dineral porque sudachsund (o perro salchicha) quedó paralitico de las patas de detrás. Le intervinieron de la columna, un sufrimiento para el perro y la familia, intervención de miles de euros, el perro acabó mordiéndose las patas “muertas”, y al final, tras un par de semanas, hubo que sacrificarlo.

¿Hay que ser rico para tener mascota?

Dedicado a Chispa, Bobi, Nana y Gorbea. Que difícil es decirles adiós, y tener que decidirlo tu.


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