Me refiero a los últimos 200 años de historia, razón de ser y única causa de nuestra tan baja autoestima tras la muerte de Franco. Que mal me lo enseñaron, o no lo hicieron directamente.
Disfruté de una educación especial hasta 1° de BUP, noblesse oblige– y los tres años posteriores de la educación española. Soy hijo de la EGB, al menos parcialmente. En la EGB fui testigo de profesores de latín llorando de lo malvados que eran algunos alumnos, profesores de química fumadores de puros – virtuales y reales -, profesores de filosofía que delante de unos 30 alumnos de ambos sexos dijo aquello que “eso era como un pajote en la cara”. Nivelazo.
Volvamos a la autoestima. Nuestra baja autoestima se coció a lo largo de esos últimos 200 años, a fuego lento.
Voy a entretenerme en esta primera parte de la entrada en Marruecos. Es o fue uno de los principales causantes de nuestra paupérrima autoestima y porque esa parte de la historia está en el olvido.
Por razones históricas y de vecindad, con Marruecos llevamos a bofetada limpia por lo menos un siglo. Este mapa es de 1924 y muestra el protectorado español que duró 45 años, la primera mitad del siglo XX.
El protectorado español ocupaba un territorio dominado por las cabilas (tribus de origen bereber) que acabó cuando el rey Mohamed V unificó las dispersas fuerzas nacionalistas. Nuestros reclutas iban cayendo en la Guerra del Rif, el desastre de Annual (1921) con unos 11.000 militares españoles muertos, y múltiples escarceos a lo largo de esos años. El protectorado acabó en 1957.
Unos 20 años después llegó la marcha verde, para rematar la faena. La marcha verde fue la invasión marroquí civil y militar del entonces Sahara español (zona en color rojo del mapa superior a la derecha) iniciada el 6 de noviembre de 1975, 14 días antes de morir Franco. Marruecos contó con el apoyo de EE.UU. y Francia. No se podía permitir que el Frente Polisario, más rojo que una muleta, apoyado por Argelia – cuyo gobierno socialista nacionalizó gas y petróleo pocos años antes-, tomara el control.
La democracia cerró un ciclo perverso de casi 200 años. Un resumen de por qué la autoestima de cualquier español era, y digo era, equivalente a la fosa de las Islas Marianas (unos 11km de profundidad) puede ser este:
- Estos 200 años comienzan con la gloriosa derrota de Trafalgar (1805) y la invasión Napoleónica (1808-1813).
- La pérdida de todas las provincias de Ultramar, desde México a Chile, pasando por las islas caribeñas (1810-1833), salvo Cuba, Filipinas y Puerto Rico que caerán en 1898.
- No nos olvidemos de La Florida, que nos la birlaron los EE.UU. en 1815.
- Hasta el final del siglo XIX España intentó recuperar los territorios americanos, pero cada intento era una derrota. Solo ganábamos a los vecinos moros del sur y a los cubanos que cada pocos años se rebelaban.
- Al menos 4 guerras civiles, incluidas las 3 Carlistas.
- Lo de las revoluciones, intentos de golpe de estado, asaltos al congreso y demás, he podido contar entre 20 y 25, según la fuente y el nivel de ruido. Los mejores son los que ocurrieron durante la 2ª república tan añorada, La Sanjurjada (General Sanjurjo, 1932), La revolución de 1934 (Companys y Largo Caballero), y por fin en 1936 el golpe de estado fallido de Mola, Sanjurjo, Queipo de Llano, Franco y algún militar más que no me suena.
La Guerra Civil: semejante animadversión, golpes de mano, revoluciones, guerras y demás tiene un origen: España tiene dos almas, la del Pacto de San Sebastián de 1930 entre nacionalistas, comunistas, socialistas, anarquistas y republicanos, y su alter ego (“su otro yo”), católico, conservador y liberal.
Al año siguiente de dicho Pacto tuvieron lugar las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Se convirtieron en un plebiscito sobre la monarquía (vaya imaginación tenían entonces) y Alfonso XIII tuvo que irse a Francia el día 14, tales fueron los resultados de aquellas elecciones. La derechona, eso sí, ahora clama que hubo pucherazo. Azaña fue el primer presidente republicano después de aprobarse una nueva Constitución.
Sobre la guerra civil se ha escrito, contado y publicado todo, desde lo importante a lo banal, desde lo tergiversado hasta lo inventado. Yo creo que no queda nada en el tintero. Ya solo depende de nuestra voluntad poner el foco en lo que interesa.
La guerra civil sigue viva en el día a día, se saca como una porra, arrojándose las mismas llamarlos “salvajadas” a la cara, siempre los mismos, siempre igual. Mi abuelo, tu abuelo; hoy quizás incluso bisabuelos…
El único asunto al que en España se debe aplicar el “wokismo” es ese. La guerra civil y la posguerra. Hay que estar atentos, concienciados y evitar su utilización como sable en cualquier duelo verbal. Las personas como individuos no pueden vivir continuamente en el pasado, sufriendo al recordar afrentas, frases hirientes, o bisabuelos fusilados hace 90 años. Sería un infierno, incapacitante para disfrutar el momento. Como dice el anónimo, “hay que perdonar, pero no olvidar”; o quizás sea como dice Jorge Luis Borges: Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón. Sea perdón o sea olvido, hay que intentarlo.
Lo que se aplica de forma individual, hay que aplicarlo de forma colectiva. Nadie pide que se olviden las fosas comunes, los asesinados de un tiro, las torturas, el exilio, o las monjas y curas masacrados. Los años previos al golpe de estado sumaron unos 3.000 asesinados, como en Casas Viejas, Revolución de Asturias o asesinatos políticos individuales. La posguerra, un postre bien amargo, fue un infierno para muchos de los perdedores. Esa larga época, república, guerra civil y posguerra sacó lo peor de todos. No quiero añadir fotos de fusilamientos, fosas, etc. pero sí la imagen sacada en el puerto de Donostia de unos niños evacuado a Inglaterra, lo cual me hace pensar en ellos mismos, sus padres, la angustia de la separación, el miedo a lo que se venía encima, etc.
Las dos almas deben convivir, están condenadas a ello o acabamos como Yugoslavia -a mí me da igual-. Un mínimo común múltiplo, no divisor, que empuje a avanzar, es lo que cabe.
Dedico esta entrada a las personas que cumplan estas condiciones, y les felicito doblemente:
- A aquellos que de forma consciente aceptan el pasado, lo miran de reojo para que no se repita y no permiten que las afrentas pretéritas vuelvan como un bumerán, para nada. Aplíquese a ETA también.
- A los que tengan la autoestima en su sitio; donde le corresponde. Ni más ni menos que nadie ni que ningún otro país. Todos estamos tras ese cristal translúcido, que permite ver luces y sombras, pero solo nosotros podemos decidir lo que queremos ver. Veamos lo bueno, sobre todo ante terceros.


