De Adán, adanismo

He llegado a las 100 entradas en “Ideas que bullen”. Ante todo, gracias a mis correctores (sobre todo correctora) por su paciencia y tragarse verdaderos bodrios.

Ninguna, ninguna de esas “ideas” es realmente original. Ni por asomo. Todas son producto de conversaciones, noticias, columnas de periódicos, la tele, grupos de guasap, algún libro y experiencias personales que en algún momento me han llamado la atención. Tirando del hilo salen las entradas.

Esa falta de originalidad da origen a esta entrada: el adanismo. El adanismo es «iniciar una actividad cualquiera ignorando los logros anteriores en la materia”, y también “tendencia a actuar prescindiendo de lo ya existente o de lo hecho antes por otros”.

Los jóvenes son impulsivos, arrogantes,…y adanistas. A ellos les rechinan las injusticias, este mundo absurdo y a los viejos nos ven como unos mansos rumiantes. Tienen ideas que creen nuevas y pretenden emplearlas aunque ya fueron  usadas, sin éxito. Su bisoñez y sinceridad les hacen ser más enfáticos.

En la juventud es un pecadillo. En nuestros políticos –la mayoría aún más soberbios y arrogantes que los jóvenes-  es un peligro real. Nos venden sus ideas como algo original: eso después de 8 leyes de educación y 10 reformas laborales en 40 años con resultados dudosos, cuando menos.

Hasta aquí sobre políticos. Me aburren y no quiero aburriros.

Soy adanista. En algunos casos creo que soy original, y google me devuelve a la realidad en forma de miles de páginas que tratan sobre lo mismo.

Reinventamos la rueda una y otra vez. Si lo pensamos fríamente, ideas originales solo pueden llegar de personas que piensan (filósofos), artistas o que investigan (físicos, biólogos, etc.).

Es decir, Aristóteles, Ortega y Gasset y Marx; Leonardo Da Vinci, Gaudí y Neruda; o Pitágoras, Darwin y Einstein. Y aun así es imposible ser totalmente original. Todo es producto de los que nos antecedieron: originales son aquellos que tuvieron la virtud de tener una mirada renovada, única.  Los demás, cegatos, podemos ser en el mejor de los casos unos copiones y en el peor, plagiadores.

Desde Gonzalo de Berceo (él mismo reconoce sus fuentes) a varios premios Nobel de literatura hispanos (Cela, García Márquez) son numerosos los escritores acusados de copiones y en algunos casos condenados por plagio, por ejemplo Pérez Reverte o Vázquez Montalbán. ¡Es tan difícil ser original!

Los coetáneos de Picasso decían que el español era un genio indudable, pero un hombre carente de originalidad y del que todos sus amigos artistas tenían que esconder sus obras cuando les visitaba para evitar un plagio.

Edison no inventó la bombilla. Hubo varios científicos que antes desarrollaron artilugios semejantes. Edison fue el que la perfeccionó hasta conseguir la primera bombilla de larga duración y rentable comercialmente (patente de 1880). El concepto y las primeras pruebas con éxito se hicieron 71 años antes.

Paco Ibáñez fue un magnífico copión. Cantó lo que los demás habían escrito. Y lo hizo de tal forma que muchos descubrieron la poesía a través de él. Mejoró lo que ya estaba escrito, dándole aún más vida si cabe.

Todos somos capaces de tararear aquello de “hace todo cuanto quiero, poderoso caballero es don, don, dodon, din, don es don dinero” (poema de Quevedo) o el poema de José A. Goytisolo “Me lo decía mi abuelito, me lo decía mi papá”.

Ser copión no es malo, si mejoras el original o al menos le rindes el debido respeto.

Dedico esta entrada a Anita, por aprenderse de memoria hace más de diez años el poema de Pablo Neruda “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” que también canta Ibáñez. Es este:

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


3 respuestas a “De Adán, adanismo

  1. Adanismo. También se refiere a una multitud de personas desnudas, una práctica de quienes sustentan que la desnudez es adecuado y apropiado para un estupendo equilibro moral y físico. No te veo de nudista.

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