El premio al “Tonto contemporáneo”

Solo los más viejos se acordarán de Luis Carandell, periodista y escritor. Se dio a conocer con la sección “Celtiberia show” de la revista Triunfo desde el año 1968. Sirva como muestra de la sección este ejemplo.

Fue tan importante que el Senado español instituyó tras su muerte en el año 2002 el Premio Luis Carandell. Este premio reconoce a los profesionales de la información o a los medios de  comunicación que destaquen en la información o divulgación de las instituciones parlamentarias. El año pasado quedó desierto.

Luis Carandell a principios de los años 80 y a iniciativa suya instituyó un premio junto a un grupo de amigos, todos ellos tertulianos de la Taberna del Alabardero de Madrid. Algunos todavía viven y andan por las televisiones como Miguel Ángel Aguilar, otros ya fallecieron como Eduardo Haro Tecglen. Había otros personajes, como Manuel Gutiérrez Aragón, Pedro Altares o Vicente Verdú.

El premio consistía en una tiza y se otorgaba al “Tonto contemporáneo”. Como suena.

En realidad no se premiaba, se distinguía. Hay una sutil diferencia.

El distinguido debía ser español y conocido. Además el tonto no debía ser obvio, no podía ser el “tonto del pueblo”. Es decir, no podía ser un “tonto con balcones a la calle” como los define Antonio Burgos. No tendría mérito dar semejante premio a alguien muy evidente y orgulloso de serlo. Ni que decir tiene que las deliberaciones eran arduas y cada candidato debía contar con las necesarias y contundentes pruebas documentales.

Para entender mejor el contexto, durante esos años Luis Carandell ya trabajaba en TVE como periodista (cronista parlamentario) y entre 1985 y 1987 presentó el Telediario de fin de semana.

Sirvan como ejemplo tres premiados: Mariano Rubio, gobernador del Banco de España,  Jesús Aguirre, el marido de la Duquesa de Alba y Luis Solana, director de Telefónica.

Algunos distinguidos tuvieron la grandeza de ir a recibir el premio. Permitían lo más difícil: aceptaban que se riesen de ellos. Al acudir a recibir la distinción demostraban tener sentido del humor y ser algo más listos que los que se negaban. Participaban en la broma y por tanto se hacían partícipes de ella. Si no puedes con tu enemigo, únete a él.

El premio duró pocos años, posiblemente porque esos mismos tontos y otros posibles candidatos confabularían para que este desapareciese.

Hoy en día la distinción sería inviable por dos motivos: el primero es que las deliberaciones serían eternas por el número de candidatos y la segunda, lamentablemente, es que ya no hay sentido del humor. El premio estaría prohibido y los tertulianos declarando en un juzgado.

Menos mal que nos quedan las frases de Rajoy, alias “tú siempre nunca”. Os dejo un refrito de los muchos que circulan en youtube.


2 respuestas a “El premio al “Tonto contemporáneo”

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