Pedro, un tío que se viste por los pies

Pedro, tras varios años en política, es el director de la empresa de cirugía estética creada por su enamorada. Como recordaréis, Pedro, nuestro Pedro, después de impresionar a su pareja con su saber estar (Camarero, la cuenta por favor y su segunda parte), demostrar su arrojo como torero (Pedro, torero) y visitar Portugal (Las tribulaciones de Pedro en Portugal), llegó a gobernar España (Pedro, político).

Ahora es empresario.

Como siempre, fue su enamorada la que poco a poco le fue convenciendo de sus dotes como líder empresarial y visionario en el mundo de los negocios. Y como siempre, Pedro, nuestro Pedro, un tío que “se viste por los pies”, a las pocas semanas ya trataba de convencer a su enamorada de lo listo que había sido al dedicarse a este mundo, obviando totalmente que la idea había sido de ella. Y así se lo hace saber a todo el mundo.

Ni que decir tiene que Pedro es un machista integral. Pero reciclado. Gracias a su enamorada ha sabido reprimir su instinto predador y dejar en paz a todos los elementos femeninos de la oficina. Se esfuerza hasta en no pecar de pensamiento y se hace el ofendido cuando le cuentan chistes machistas, pero en el fondo le encantan. En secreto comparte fotos guarras y chistes con unos pocos colegas de confianza. El último chiste compartido por wasap es este:

chsite 1

En la oficina

Empieza el día con una reunión para ajustar los últimos pasos a seguir en la apertura de una nueva clínica. Son cinco hombres y una mujer, Ana. Campaña de marketing local, selección de personal, trámites burocráticos pendientes, instalación de los últimos equipos y pruebas, etc. Todo muy lioso y simultáneo. Pedro no se aclara muy bien.

Como hay un nuevo empleado Pedro hace las presentaciones.

“Aquí Juan Sánchez, economista y MBA, encargado del área financiera y de desarrollo, con nosotros desde hace ya cinco años”, etc. Al tocarle el turno a Ana, dice: “Y esta es Ana, ejemplar trabajadora, su marido es Juan Gómez que también trabaja con nosotros”. No menciona que Ana es Ingeniera Industrial, especialista en imagenología y medicina nuclear.  Lleva 7 años en la compañía.

Ana, sentada en una esquina de la mesa, se mantiene en silencio. Pedro, como jefe del proyecto ha expuesto las líneas de trabajo, pero no ha concretado nada. Un desastre. La presentación se la había preparado uno de sus colaboradores, distinguido pelota. Al acabar pide algunas sugerencias sobre la campaña de marketing. Todos se suman al carro de lo dicho por él, aunque sean perogrulladas. El responsable del área se limita a presentar las propuestas de las empresas consultadas, todas ellas a precio de Channel.

Al hacerse un pequeño silencio, Ana toma la palabra y sugiere algunas ideas sobre la campaña de marketing. Nadie le contesta.  El joven pelota hace un comentario sobre lo guapa y joven que Ana está hoy, con su nuevo peinado. Incluso bromea y dice que la imagen de Ana podría servir  como imagen de la campaña. Al cabo de unos minutos de conversación inútil, Pedro repite lo expuesto por Ana y todos los varones aplauden a rabiar. ¡Gran idea, jefe!

Pedro instruye a Ana a hacer lo que ella ha propuesto en tiempo record. Añade que su colega de marketing está suturado de trabajo y que no puede ayudarla. Ana matiza sobre el concurso de propuestas y plazos de ejecución, pero Pedro le contesta que él no puede ocuparse de los detalles. Encima Ana queda como una tonta. Alucina.

Llega el asunto del equipamiento técnico. Es el turno de Ana. La exposición es impecable. Poco antes de acabar, uno de los varones le interrumpe y le explica, como si fuese una niña, lo que ella acaba de decir. Pedro agradece la aportación del varoncito y le pide que supervise las actuaciones de Ana. Ana alucina un poco más. Intenta explicar que ya no queda nada por supervisar, que en cuatro semanas el poco equipamiento pendiente estará instalado, probado y certificado. Dice que lleva un año haciéndolo sola. Pedro, le reprende por no trabajar en equipo. Ana se calla pensando en las veces que ha pedido la colaboración del resto y le han dado largas.

Inteligentemente Ana decide no abrir más la boca.

Al finalizar la reunión Pedro se da cuenta de que no estaba designado el secretario para levantar acta y recoger los acuerdos tomados (el qué, cuándo, cómo, quién, etc.). Mientras el resto decide ir a tomar café dándose palmadas en la espalda por lo bien que trabajan, Pedro le pide a Ana que se encargue de ello: “Niña, haznos un resumen de la reunión”. Ana escucha al joven pelota -mientras salen en manada- preguntarle al jefe si prefiere un cortado o café solo.

A la tarde toca selección de personal. Pedro está convencido de que tiene un excelente ojo clínico para detectar a los jóvenes talentos. A Pedro no le interesa el CV. Para eso está el departamento de RR.HH.

Para empezar, todos aquellos CV de mujeres que no traen foto son descartados ¿La causa? Pedro presupone que son feas. Su teoría es que en una clínica de cirugía estética no puede haber tías feas. Están prohibidas. Incluso entre las cirujanas.

La primera entrevista es decepcionante: se  trata de un joven cirujano vestido a la última moda italiana, destacando el pantalón morado ceñidito.  Está titulado por una famosa universidad española, la especialidad obtenida en los EE.UU, un par de años de prácticas allí y otros tantos trabajando en Brasil, a destajo, con una media de 8 operaciones diarias. Está especializado en cirugía facial: ya sabéis, morros, arrugas, narices, pómulos, etc. Trae hasta fotos del “antes” y “después”.  A Pedro no le entra por el ojo. A Pedro le gustan los hombres varoniles, decididos y bien plantados. Nada de piercings y si tienen bigote o barba, mejor. Tras una ardua discusión con el equipo técnico, lo dejan en reserva; a ver qué pasa con los siguientes candidatos.

El segundo candidato es “inmejorable”. Joven y de unos treinta años. Solo entrar por la puerta y ya tiene el puesto ganado. Viste camisa escotada, ceñida y con el primer botón a punto de estallar. Semejante presentación deja en blanco y un poco bizco a nuestro Pedro. ¡Contratada! Pedro intenta disimular la sonrisa bobalicona que se le está poniendo. El discurso de Pedro al acabar la entrevista alabando sus virtudes deja sin respuesta al resto: además, para eso es el jefe.

Así hasta completar la selección de cuatro cirujanos para una nueva clínica. Siguiendo las instrucciones de su enamorada, debía elegir dos varones y dos mujeres. Como los políticos con sus listas cremallera. Da igual la valía de los candidatos.

Y hasta aquí la ficción.

Un comentario             

Toda historia que se precie debe exagerar. Lo malo es que la realidad supera la ficción, y la historieta de arriba seguro que se queda corta en algunos casos.

Una broma

Los chistes machistas están cada vez peor vistos – yo diría que vedados – mientras que los opuestos son festejados y compartidos indiscriminadamente.  Habrá que irse acostumbrando hasta que la tortilla quede en equilibrio.

chiste 2

La realidad

El siglo XIX fue el de la lucha entre esclavistas y abolicionistas y también el de la lucha de clases. La esclavitud fue abolida y se consiguió la semana laboral de 40 horas. El siglo XX fue el de la lucha entre capitalismo y comunismo, con victoria del primero y la creación de la clase media, protegida, acomodada y con una teórica igualdad de oportunidades (hoy en vías de extinción, como el lince ibérico).

El siglo XXI es el de la lucha de sexos, o mejor, la última batalla de esta lucha. La prerrogativa histórica del varón sobre la mujer ya es historia, al menos en papel. El varón ya no tiene los privilegios y el control sobre la mujer como antaño por dos razones evidentes: no es superior ni mejor. Debemos recordar que hasta el año 1981 las mujeres en España debían pedir permiso a su marido para poder trabajar, cobrar su salario, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos, sacar su pasaporte, el carné de conducir; la mujer soltera se equiparaba al menor y no podía abandonar la casa sin el consentimiento paterno. No hacen falta más ejemplos. Yo ya rondaba los 20 años. No es prehistoria.

La educación y el entorno hacen que algunas personas todavía no entiendan nada y sigan pensando como hace un siglo. En el peor de los casos estos últimos coletazos tienen forma de maltrato e incluso llegan al asesinato.

Tuvo que ser un caso en particular (como el de Miguel Ángel Blanco en el caso de ETA) el que hiciera despertar a la España que miraba para otro lado. Ana Orantes, de 60 años, fue quemada viva en Diciembre de 1997 por su marido de 61 después de salir ella en un programa de TV del Canal Sur de Andalucía denunciando el maltrato continuo de su exmarido durante los 40 años de matrimonio. A los pocos días, el hombre golpeó a Ana hasta dejarla casi inconsciente, la ató a una silla, la roció con gasolina y le prendió fuego. Su despedida fue: “¡Te lo mereces por todo el daño que me has hecho!”

Gracias a este caso tenemos estadísticas de maltrato y asesinato de mujeres desde el año 1999. Desde ese año hasta el 2016 fueron 1.095 las mujeres asesinadas, 61 por año. Más que ETA en 40 años. Y la estadística no mejora con los años.

Los datos del Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad son los que son: desde jovencitos de 18 años a viejos de más de 61 años aparecen en las estadísticas como autores de esos asesinatos. Algo estaremos haciendo mal. No son los viejos, que los hay, sino los jóvenes entre los 31 y los 40 años los que más matan a sus parejas (el 29% de los casos).

Dedicado a las jovencitas para que sepan detectar a las parejas “controladoras”, mal principio, y a los jovencitos para que aprendan que lo único que funciona es el respeto y la lealtad.


3 respuestas a “Pedro, un tío que se viste por los pies

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