Pecador, arrepiéntete

Me resulta chocante como personas que yo calificaría de inteligentes son capaces de decir que no se arrepienten de nada.  También los hay de dudosa perspicacia, como la Pantoja.

No os asustéis por el título, que no me voy a perder en disquisiciones religiosas sobre el concepto de pecado, confesión, arrepentimiento y perdón. En cualquier caso, las principales religiones manejan el concepto con muchos matices, y religiones como el hinduismo y el budismo lo enfocan mucho más en la introspección personal, sin intermediarios:

«Todo el karma negativo creado por mí desde tiempos inmemoriales,
a causa de mi eterna codicia, odio e ignorancia,
nacido de mi cuerpo, boca y mente,
ahora de todo ello me arrepiento sinceramente.»

 ¿Os suena? Todas las religiones y no religiones le dan vueltas a esos sentimientos tan cabroncetes que tienes cuando la has pifiado, aunque sea sin querer, o has hecho una maldad. Que las hacemos todos, sea de pensamiento, palabra, obra u omisión.  

Remorse (remordimiento), regret (pesar) o repentance (arrepentimiento) son sentimientos muy humanos de los cuales no podemos escapar.

Hay gente que dice que no se arrepiente ni siquiera cuando tiraron un papel al suelo, una lata de cerveza vacía al mar, dejaron tirado a un colega un día de fiesta, una contestación ofensiva o agresiva a destiempo, no se rascaron el bolsillo cuando así lo exigía la situación o simplemente dejaron que un amigo cargase con la culpa, y tú te callaste como un bellaco.

Nos pasamos la vida tomando decisiones, algunas incluso sin darnos cuenta y otras nos lo pensamos en demasía.

¿Que no te arrepientes, no te remuerde la conciencia, no tienes ningún pesar por algo dicho o hecho en toda tu vida? No te creo. Si la excusa es que eres el resultado de todas esas maldades y pifias, y que estás muy contento con el resultado, es chulería (palabra en desuso, por cierto).

No me arrepiento de nada es pura arrogancia. Lo dicen muchos, por ejemplo, el emérito, Vargas Llosa, un tal Alfredo Astiz – militar argentino, un angelito durante la dictadura-, Valverde el futbolista, la Kirchner, Maradona, Carrillo, …

Conclusión: o eres un arrogante, un psicópata o un tonto integral. Tú eliges.

Dedicado a Hannah Arendt, la que escribió aquello de “La banalidad del mal” al describir la personalidad y excusas de Adolf Eichmann, el responsable de organizar la “solución final” aplicada a los judíos, sobre todo en Polonia. Eichmann era un alto oficial de las SS. Fue ahorcado en 1962, en las proximidades de Tel Aviv, tras un juicio excepcionalmente mediático para la época. Hannah Arendt fue la corresponsal de la revista The New Yorker durante el juicio.

¿Y si todos los no arrepentidos son unos Eichmann? En el fondo, Eichmann se excusó en que cumplía órdenes, que el mismo no era antisemita (menuda trola), que no era mas que parte de la maquinaria y que aplicó las leyes vigentes, nazis, de triturar judíos. No estaba arrepentido. Este señor, podía ser un psicópata, un arrogante, pero desde luego no era tonto. Organizó el traslado de judíos mejor que Amazon sus ventas.


Una respuesta a “Pecador, arrepiéntete

  1. Varios de los filósofos más influyentes, arrogantes, psicópatas o tontos consideran que arrepentirse es, esencialmente, ser miserable dos veces. ​Los Estoicos: Para ellos, el pasado está fuera de nuestro control. Lamentarse por algo que ya sucedió es irracional y rompe la ataraxia (tranquilidad del alma). Lo importante no es sentir culpa, sino aprender la lección para actuar con virtud en el presente. ​Spinoza: Fue tajante. En su Ética afirma que «quien se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable e impotente». ¿Por qué? Porque primero se dejó vencer por un deseo nocivo y luego se deja vencer por la tristeza. ​Nietzsche: Consideraba el arrepentimiento como una «mala conciencia» y una forma de autotortura heredada de la moral judeocristiana. Él proponía el Amor Fati (amor al destino): la capacidad de abrazar cada momento de la vida, incluso los errores, como algo necesario.

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