Black Friday: Consumismo a lo bestia

Hace varios años que veo escenas de aglomeraciones por las rebajas o el primer día de venta de un producto deseado (iphones, por ejemplo) pero lo que vi hace dos semanas resulta vergonzoso. A esto me refiero:

Las imágenes corresponden al Black Friday, costumbre que acabamos de importar de los EE.UU. desde hace un par de años. Como siempre importamos lo malo y además ni nos molestamos en traducirlo: ¿Black Friday? ¿Rebajas, no? Pues llamémosle rebajas.

Publico esta entrada después de ver ese mismo video en todos los medios de prensa, todos regodeándose con tan espantoso espectáculo. Lo malo es que ya estamos en plenas Navidades, por eso lo hago público: como recordatorio de que “eso no, por favor”.

Desde mediados del siglo XX la sociedad nos invita a consumir dado que el capitalismo se basa en ese círculo que, sin control, deriva en consumismo. Somos cautivos del marketing (y de la publicidad como parte de este) desde niños. Ha llegado a tal sofisticación que ya ni nos damos cuenta de cómo somos influidos. Nos estudian y envían mensajes subliminales que nos entran por los ojos y los oídos de los que difícilmente podemos escapar. Todo un arte. charlize-theron-dior-jadoreMujeres despampanantes anunciando perfumes que los hombres comprarán a sus parejas (evito pensar por qué compramos esas colonias), ropa de marca y sólo de marca, aunque sea del mercadillo o del Outlet. Ahora a los futbolistas de élite se les regala cada año un coche de lujo ¿Por qué?  Para influir en los hinchas de dicho equipo, aunque yo evitaría usar el mismo coche que muchos de esos futbolistas, los ejemplos sobran. Desde Noviembre los niños son bombardeados con innumerables anuncios de TV con juguetes complicados y que lo hacen todo, además de carísimos. Ya sabemos que cuanto más sencillo sea un juguete mejor, más usará la imaginación el infante.

La sociedad de consumo no es mala per sé pero como todo en esta vida necesita contrapesos. No todo vale, no todo es necesario, no se deben crear necesidades fútiles y la vida útil de los productos debe ser razonable. Ya no consumimos por necesidad, sino por deseo. Somos manipulados y no nos enteramos. Las modas arrasan: sean los productos vintage, botas “Ugg” o teléfonos de última generación. Me pregunto por qué se cambia de teléfono cada vez que sale un modelo nuevo, especialmente si es de Apple.

No sirve decir que el «mercado«, es decir, nosotros, decidimos. No decidimos porque saben hasta qué páginas web visito, qué compro, donde y con quien estoy en todo momento, inundan periódicos y televisiones con ejemplos a seguir, los bancos fomentan el crédito dirigido al consumo, etc. Acabo de oír un anuncio en la radio portuguesa de lo más curioso: una cadena de supermercados te da un crédito de hasta 600 € a 10 meses sin intereses para hacer las compras Navideñas.imagen-el-sistema-de-consumo ¡Guay!, a gastar más de lo que puedes y seguro que la mitad de la comida y regalos que se compren no se disfrutan o acaban tirados antes de esos 10 meses. Son más listos que nosotros. Existe también el proceso de imitación: si mi vecino tiene un coche de 250 CV, yo también quiero uno.  No ponemos defensas: veo niños de 10 años con teléfonos móviles de varios cientos de €.

No entro en cuestiones como el despilfarro de recursos naturales, la globalización y explotación laboral, la degradación medioambiental y la exportación de residuos a países sin recursos.

Es la sociedad de consumo. De ahí al consumismo como enfermedad sólo hay un paso, o sea, a la adquisición o consumo de bienes de forma descontrolada. La riqueza material es un propósito en sí mismo, modelo a seguir y objeto de admiración.

Ya quedan atrás las épocas en que la vida frugal, disfrutando de lo necesario, era la norma de todos, fuesen ricos o no. Vivir como un rey y gastar como un pobre. Saber disfrutar de las cosas cotidianas, de lo que ya tienes.

Ojo, eso no quiere decir que no te des caprichos ni que decidas lo que quieres. Ese es el secreto: decidir por uno mismo incluso a sabiendas de la influencia recibida.


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