Delenda est monarchia

José Ortega y Gasset publica en el diario El Sol, el 15 de noviembre de 1930, el artículo “El error Berenguer”. Dicho artículo concluye con el título de esta entrada: “Delenda est monarchia”, es decir, la monarquía debe ser destruida. Chocante, sin duda, por ir directo a la yugular. Hoy en día se habla de consultas populares, como mucho.

Más chocante es la siguiente frase que se encuentra en el prólogo de la edición francesa de 1937 de su libro “La rebelión de las masas”:

«Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía* moral».

*Hemiplejía: Parálisis de todo un lado del cuerpo.

Hagamos memoria.

En septiembre de 1923 el general Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña, da un golpe de estado para salvar España de «los profesionales de la política». El rey Alfonso XIII lo nombra presidente del gobierno pocos días después, uniendo su destino al de la dictadura, tal y como le ocurrió al último rey de Italia al aceptar a Mussolini. Italia celebró un plebiscito en 1946 y el rey hizo las maletas. Nunca más pudo volver a su país.

Comienza Primo de Rivera su dictadura que dura hasta enero de 1930 al hacer aguas su gobierno. Unamuno, mientras tanto, desterrado. Le sustituye y prolonga la dictadura el General Dámaso Berenguer, el del artículo de Ortega, cuyo ejercicio dura 13 meses, hasta el 15 de febrero de 1931. 

Ya estamos en 1931. Un grupo de intelectuales encabezados por Ortega y Gasset, Gregorio Marañón (el que acompañó a Alfonso XIII a Las Hurdes en 1922) y Ramón Pérez Ayala (escritor, embajador en Londres durante la república y vinculado a la Institución Libre de Enseñanza), unidos bajo el nombre de “Agrupación al Servicio de la República“ publican el 10 de Febrero el “Manifiesto dirigido a los intelectuales”, solo 5 días antes de la dimisión de Berenguer. El 14 de febrero tuvo lugar el primer acto público de la agrupación, en Segovia, presidido por Antonio Machado, el poeta.

Berenguer es sustituido por el almirante Aznar a comienzos de 1931; sí señores, ese almirante era tío-abuelo del que fuera presidente del gobierno hace pocos años. Ese antecesor de nuestro Aznar convocó las elecciones municipales del domingo 12 de abril que trajeron la república. Su comentario en respuesta a los periodistas tras dichas elecciones fue muy gráfico:

¿Que si habrá crisis? ¿Qué más crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano?

El 28 de junio de 1931 se celebran elecciones generales. La conjunción republicano-socialista arrasa, con 28 partidos políticos representados (hoy hay 19 y nos parecen muchos). En esas Cortes estuvieron Ortega y Gasset y Unamuno, así como Gregorio Marañón  y Ramón Pérez de Ayala, todos republicanos. Duraron bien poco, contrarios al extremismo y desmanes durante la república. Por cierto, vaya nivel en el Congreso, igualito que ahora. En cualquier caso, España ya no era ni una monarquía ni mucho menos monárquica.

De ese mismo Congreso formaban parte tres mujeres, por primera vez. Estas eran Margarita Nelken (PSOE, entonces marxista), Victoria Kent (del Partido Republicano Radical Socialista, “socialdemócrata, anticlerical”) y Clara Campoamor (del Partido Radical, “republicano, liberal, laico, democrático”). Estas tres mujeres debatieron sobre el derecho de la mujer al voto. Dos en contra, a pesar de su feminismo, como eran Victoria Kent y Margarita Nelken. Esta última dijo: “poner un voto en manos de la mujer es hoy, en España, realizar uno de los mayores anhelos del elemento reaccionario”. Su razón era bien sencilla: las mujeres iban a ser influenciadas por sus maridos y clero, por tanto, votarían a la derecha. Clara Campoamor ganó el debate, y en la nueva Constitución aprobada ese año de 1931 el sufragio ya era universal. La votación sobre ese particular fue reñida:  161 votos a favor, 188 abstenciones y 121 en contra. Entonces la disciplina de voto en los partidos no era tan férrea, aparentemente. Los votos favorables llegaron de todos los partidos, muchos del PSOE.

En las elecciones de 1933 ganó la derecha (la CECA), como intuyeron Kent y Nelken; tres años después vuelta a votar y gana otra vez la izquierda, el famoso Frente Popular.

Entre medias, más de 2.200 muertos por violencia política según unas fuentes (otras mencionan 2.600), incluida la revolución de Asturias con unos 1.500 muertos (año 1934), la proclamación del Estado Catalán dentro de la “República Federal Española”, también en 1934, y 18 Estados de Guerra declarados.

Y después todos perdimos, unos mucho más que otros. Vino el fallido golpe de estado -qué torpes los militares- y tras 3 años de guerra civil, un caudillo por la gracia de Dios.

Cuarenta años después – cuarenta años para perdonar, pero no olvidar-, nuestros padres giraron el retrovisor para no mirar atrás y borraron muchos discos de memoria para empezar de nuevo. Todo el mundo es de pronto demócrata y se arrejunta en la UCD de Adolfo Suarez, menos Fraga Iribarne con su Alianza Popular (derecha del franquismo light y aperturista, predecesor de nuestro PP) y Blas Piñar, que ya entonces era visto como un bicho raro, a extinguir, aunque consiguió su escaño en 1979 por Madrid, el único de la extrema derecha (Vox comparado con él es un socialdemócrata).

En 1978 se establecen en la Constitución unas reglas de juego que parecen válidas para todos, incluida la monarquía, con la que tragaron comunistas, socialistas, ERC, PNV, PSP (de Tierno Galván), etc.  Eran lentejas. La UCD duró una primavera y todos sus votos fueron a Fraga a partir de 1982.

Ya tenemos a la derechona, conservadora, tradicionalista, inmutable. Si fuese por ellos la Tierra seguiría siendo plana; el sol dando vueltas alrededor nuestro; los negros, esclavos; lo de “Liberté, Égalité, Fraternité” sería un recuerdo molesto y la democracia un mal sueño; y por mencionar algo más reciente, el matrimonio homosexual no existiría en España y se seguiría abortando clandestinamente o en el Reino Unido. Debo recordaros que el PP votó en contra de todas esas leyes, las dos sobre el aborto (1985 y 2010) y la del matrimonio homosexual (2005). Hoy se envuelven en la Constitución de 1978 cuando entonces de los 16 diputados que tenía Alianza Popular 9 votaron sí, 2 se abstuvieron, y 5 votaron en contra. Hoy se autoproclaman constitucionalistas.

Por tanto, y ya acabo, la derecha conserva y defiende lo que la izquierda avanzó. A ver si lo entendemos. Esto no es malo, al contrario, todos los coches tienen freno. Los contrapesos son imprescindibles.

ochenta años después y cuarenta desde la muerte de Franco, por errores, ceguera, burda manipulación y mucho chorizo insoportable, desde el hermano de Alfonso Guerra con su despacho sevillano hasta el reciente caso del PNV -solo faltaban ellos, aunque el condenado sea del sur (Álava) y apellido sospechosamente castellano- tenemos un país hastiado, de extremismos, y con más regionalismos e independentismos que en los años 30 (Junqueras en la cárcel, Teruel Existe, León reclamando su propia Comunidad Autónoma, Euskadi por fin tendrá su propia selección de fútbol).

No recuerdo nada valioso desarrollado por los distintos gobiernos desde la entrada en la CE, las Olimpiadas y la Expo, estas últimas en 1992, donde los partidos aprendieron a robar para financiarse, y muchos políticos a financiarse ellos mismos.

Hemos vuelto a la casilla de salida, como en la Oca ¿Está claro que somos el burro dando vueltas a la noria?

No volveremos a las trincheras, pero no puedo mas que dedicar esta entrada al burro, qué menos.


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