Globalización: Un Big Mac, por favor

Para empezar el término globalización es un barbarismo que nos hemos tragado. Para los ingleses “global” es sinónimo de mundial, pero no para nosotros. En español se debería decir “mundialización”. Otra batalla perdida.

La globalización se nos vende como un océano de oportunidades, el mercado es gigante, está a nuestro alcance. Además las cosas nos cuestan menos: ropa, comida, paraguas, maletas, llaves inglesas, lo que quieras. Incluso es una forma de llevar desarrollo y bienestar a países que lo necesitan. Nos ponen como ejemplo a personas que de la nada (dueños de Zara o Mercadona) son estrellas del comercio y el “business”. Nada que reprocharles: han triunfado según nuestros estándares.

Pero ¿qué consecuencias tiene eso sobre el resto de la población? ¿Qué pasa con los que no han “triunfado”?

La globalización es sinónimo de deslocalización de las empresas (buscando siempre menores salarios = menores costes) y la importación de naranjas de Marruecos, nueces de California o pimientos del piquillo de Perú que retan las producciones en España. Lo de China, de la cual importamos hasta las pipas de girasol –España es el único consumidor de ese producto como tal-, es un caso aparte y preocupante (“Siento dejar este mundo sin probar pipas Facundo”: ¿cómo sería en Chino?). En la foto un ajo chino. Os resulta familiar, no es así? El ajo español es blanco por fuera, inmaculado.Ajo-con-piel-2

Podríamos decir que la competencia y el libre comercio ayudan a los países en vías de desarrollo por las oportunidades que se les abren. De hecho, algunos países ya no están ya en esa posición: la India o China han cambiado de status y han sido sustituidos por Filipinas o Bangla Desh. La pregunta es: ¿En qué nos beneficia todo esto a los comunes, a los plebeyos?

Yo no creo que los productos importados sean de calidad superior. Basta darse una vuelta por las tiendas chinas de “todo a 1 euro”. En cuanto a frutas y hortalizas me temo que tampoco: la fruta arrancada verde del árbol no tiene tiempo de ganar el sabor que debe tener. ¿A que saben los plátanos de Costa Rica? Lo terrible es que los precios no han bajado de forma proporcional. Es decir, los márgenes comerciales son mayores.

Eso nos lleva a los grandes distribuidores que imponen los precios. Las huelgas y protestas de agricultores y ganaderos locales volcando o regalando leche, tomate, o patatas es la protesta del que ve su forma de vida desaparecer. Del mismo modo que el pequeño comercio está siendo tragado por las grandes superficies que lo fagocitan todo.

¿Es eso lo que queremos? La globalización es sinónimo de homogeneización y como siempre se iguala por lo malo. Malos productos, malos salarios y malas condiciones laborales. La última consecuencia es un crecimiento disparatado de las diferencias sociales y del reparto de la riqueza. ¿Recordáis el yate de Onassis? Comparado con los yates actuales era una piragua.Pato-no-Tucupi

Yo no quiero un Big Mac. Yo quiero alubias de Tolosa, acedias, pato no tucupi, bacalhao con natas, cassoulet o berza gitana. Yo quiero comer lo mejor de cada lugar. No la misma mierda en todas partes.

 


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