Como Microsoft ha cambiado nuestras vidas

Hace ahora 20 años me pusieron un ordenador delante. A partir de entonces, ya no tendría que escribir en una máquina, sino con ayuda del teclado, un ratón y el MS Office. Las cuentas igual, con la alucinante hoja de Excel que hace maravillas. Y por último, la estrella: Outlook, para gestionar el correo electrónico. Que fácil es escribir, añadir gráficos y tablas, formatear, enviarse mensajes de forma inmediata y escrita y recalcular las cosas. Pero, ¿se nos simplificó el trabajo?

Antes se escribía lo justo y necesario. Procedimientos, cartas, notas, memorándums o informes eran los mínimos imprescindibles. El tiempo y esfuerzo necesario para redactarlos los limitaban en número y tamaño. Las revisiones, las justas. Y en cuanto a la calidad, eso que esta tan de moda: excelente (y no “en busca de la excelencia”, ¡cuánto memo anglófilo!).

Pero llegó el MS Office y los finlandeses se pusieron la mar de contentos: ¡qué de madera les hemos comprado desde entonces!

Ahora estamos desbordados por los documentos: hay tantos para pergeñar, leer, revisar, corregir, dar acuse de recibo o enterado, que algunos nos ahogamos en papeles. Todo está documentado. ¿Para qué? ¿Para cuando alguien hace algo mal enseñarle donde está escrita la instrucción? De hecho, hay puestos de trabajo que se dedican permanentemente a escribir. Solo eso. No consiguen ni producen nada. Documentan. El contenido es lo de menos. Es como aquel que habla ocho idiomas, por lo que es capaz de decir la misma tontería ocho veces pero con distintas palabras y quedarse tan ancho.

Además con tantas revisiones y correcciones en algunas ocasiones ya no sabes cuál es la “buena”. Nos tuvimos que inventar el control de cambios, las versiones de los documentos, autores, responsables, fechas de última revisión y edición, etc. Todo un mundo.

Para colmo los documentos se revisan anualmente. Como la memoria es inversamente proporcional a la edad, te acuerdas de como hacías las cosas hace diez años y los cambios implantados durante los últimos nueve todavía no los has digerido. Siempre te pillan en un renuncio.

Con los correos electrónicos es aún peor. Hemos sustituido la llamada telefónica por el correo. Han perdido su efecto. La gente ni los lee ni los contesta.

Su mal uso los ha desvirtuado. Me encantan esos interminables correos dirigidos a cinco personas con otros diez en copia, mas media docena de documentos adjuntos. Son para echarse a temblar. ¿Alguien se lee eso?

Nos “espameamos” unos a otros. Y encima luego te dicen “te mandé un correo”. Después de rebuscarlo te das cuenta que era incomprensible, que no se te pedía nada específicamente y que estabas en copia, o sea, que no tenías que hacer nada según los códigos al uso. Además, los documentos adjuntos sumaban casi 10 megas por lo que al cabo de unas semanas la caja de correo esta “petando” por falta de espacio gracias a esos inmisericordes.

Cuando puedo (o sea, a todos menos al director), digo: no porque me mandes un correo lo voy a leer, lo voy a comprender ni mucho menos lo voy a recordar. Si quieres algo y es importante, llámame.

En resumen, antes pensábamos antes de escribir, y ahora pensamos después de haber escrito.


2 respuestas a “Como Microsoft ha cambiado nuestras vidas

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