Antonio Machado y los rábanos

Por si alguno tiene dudas, los rábanos son esas cosas rojas de la foto. Nunca los comí de joven y solo cuando cambié de paisaje empecé a apreciarlos.  Son amargos y ligeramente picantes. También los hay muy picantes, tanto es así que el wasabi proviene de una variedad de rábano.

Coger el rábano por las hojas es una expresión que se emplea cuando se tergiversa o interpreta algo de forma interesada o de forma errónea por no profundizar. El origen parece estar en la forma de recogerlo: no basta tirar de las hojas para sacar el rábano, es necesario excavar un poco la tierra.

Hasta aquí el rábano.

Como nunca aproveché mis estudios de literatura es ahora cuando, 45 años después, encuentro cosas que media España ya pudo apreciar.  Como soy viejo soy capaz de relacionar lo que leo con lecturas pretéritas o cosas que he oído.

La poesía de Antonio Machado es fuente inagotable de rábanos deshojados, es decir, de tergiversaciones, sean interesadas o por desconocimiento.

El poema de abajo fue publicado en 1912 en su libro Campos de Castilla, en la sección de Proverbios y Cantares. Serrat lo cantó.

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

La idea de las dos Españas la suelen sacar a pasear tertulianos y periodistas refiriéndose al golpe de estado del 36, la posterior guerra civil y los 40 años de Franco. Hablamos de rojos y fachas. Históricamente tanto comunistas como fascistas son posteriores: la revolución rusa es de 1917, el PCE fue fundado en 1919 y el Partido Nacional Fascista de Mussolini fue fundado en 1921. El poema es de 1912 por lo que las dos Españas de las que habla Machado son otras.

Yo las dos Españas que veo hoy son las de la tolerancia y el respeto que reza o no, hace deporte o no, que vibra con el “Soy el novio de la muerte” de los legionarios o con el desfile del Orgullo Gay y se ocupa de la educación de sus hijos frente a la España intransigente que quiere imponer su dogma y dictar qué lengua debe ser vehicular y excluyente en la educación, cuál la lectura histórica única y la España que se dedica a afear con malos modos cualquier comentario que no le guste – ese wasap-, la que rápidamente se ofende cual Caifás ¡Sacrilegio! cuando alguien pone en duda lo que se da por hecho o cierto sin la más mínima prueba, o peor, la que niega o disculpa las fechorías de los suyos a pesar de las evidencias ¡Y tú más!

También está la España del esfuerzo, la del estudiante que estudia y del trabajador que trabaja, del que tiene ideas y persigue sus sueños y la España del arribista, del capitalismo de amiguetes, del trabajador experto en el “esto no es cosa mía”, la España del plagio y la de los estudios universitarios meteóricos o regalados.

En el mismo libro Campos de Castilla se encuentra el poema “A orillas Del Duero”. Antonio Machado se trasladó a Soria el 1 de mayo de 1907 como catedrático de francés dejando la capital de España, así como amigos y tertulianos como Juan Ramón Jiménez, Unamuno, Baroja, Valle-Inclán, etc. Soria entonces tenía 7.000 habitantes. Allí escribió estos versos:

El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.
¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aún van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.

¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?

Me imagino el shock de Machado al desplazarse de Madrid a Soria, habiendo viajado antes a París en varias ocasiones. Machado pertenece a la generación del 98, año del gran Desastre como decían ellos. Ese año España pierde sus últimas colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) tras un siglo cainita, para enmarcar. Ese panorama tan deprimente explica en cierto modo el tono del poema. Por tanto, la Castilla de Machado es Soria, las ovejas merinas, el Duero y sus paseos por los alrededores. Los versos Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora deben escocer lo suyo a los castellanos.

¿Identifica Machado esa Soria con toda Castilla, y sobre todo con la capital de España, Madrid? Yo creo que no. Aquí tenemos otro manojo de rábanos deshojados. Nacionalistas y otros muchos interpretan esos versos de forma interesada, y los aplican a la situación actual olvidando el contexto.  

Si los buscáis en internet encontraréis muchos artículos relacionando el poema con Cataluña:

Lo versos vienen de perillas. Pero no, Machado no hablaba de Madrid. Hablaba de la miseria, pobreza de espíritu, de “atónitos palurdos”, la España que espera, duerme o sueña, mustia en una ciudad como Soria. Y el que no esperaba o dormía, emigraba hacia la costa o Madrid quedando la España vaciada, ¿os suena?

Retomando lo de las dos Españas, los rábanos y la futura ley de Memoria Democrática hay una magnífica oportunidad de coger el rábano como es debido. Sugiero que la necesaria remodelación del Valle de los Caídos esté sujeta a referéndum, debiéndose elegir entre varias propuestas arquitectónicas, a sabiendas del coste de cada una. Podríamos ir de un apaño a otra obra faraónica que nos cueste varias decenas millones de euros. Que elija la gente, como gustan decir algunos. Solo pongo una condición, aunque no creo que tengan rábanos para eso. En su frontispicio debería estar escrito bien grande:

“Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”

Por cierto, allí están enterradas más de 33 mil personas, caídas por ambos bandos, 21 mil identificadas y 12 mil desconocidas. Fue construido tras la guerra civil, entre 1940 y 1958, por unos 20 mil presos políticos y trabajadores profesionales, la mayoría mineros.

Dedicado a Antonio Machado, muerto en el exilio. Estoy convencido que estaría de acuerdo.


2 respuestas a “Antonio Machado y los rábanos

  1. La capital castellana resultó decisiva en su trayectoria literaria y para su peripecia personal: allí conoció y contrajo matrimonio con Leonor Izquierdo, una niña de catorce años atractiva, trabajadora y risueña. Posiblemente su época más feliz, lejos de la amargura de los versos que mencionas. Paradojas de la vida.

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  2. Más paradójico y trágico a la vez, fue su amor no correspondido hacia Pilar. Como cuenta Gibson, el gran historiador. Antonio dejó una nota escrita en un papel que encontró José Machado en el viejo abrigo de su hermano fallecido, en ella, confesaba sus tres grandes «duelos»: Por la caída de la República, la nostalgia por ‘su’ Sevilla y el amor frustrado por la mujer que nunca fue suya, Pilar de Valderrama, ‘Guiomar’. Ella era católica, simpatizante del franquismo y, a pesar de ello, Machado sitió por ella un amor platónico que no fue correspondido. Amor al que escribió decenas de cartas y la mayoría se perdieron cuando Pilar huyó de la guerra en España. Ese amor, fue un fiel reflejo de las dos Españas.
    Magnífico post, Germán, gracias!

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