Catar, ¿y qué?

Ahora toca ponerse exquisitos con Catar. Para ubicarnos, Catar está en el Golfo Pérsico, es un país pequeñito, del tamaño de Asturias, donde todo es arena. Los cataríes de pasaporte solo son unos 250.000 pero hay diez veces más habitantes, que por cierto son los que trabajan. Los cataríes han pasado de ser piratas o recolectores de perlas y dátiles a no saber qué hacer con tanto dinero: tienen una de las mayores rentas per cápita del mundo, el 15% de las reservas mundiales de gas natural y cada vez que plantan una palmera sale petróleo.

Hace 15 años se les ocurrió montar un mundial de fútbol. Para ello compraron los votos. Está documentado que en la votación del 2010 los representantes de Argentina, Brasil, Camerún, Costa de Marfil y Francia tuvieron extraños intercambios con Catar (Francia vendió unos cuantos aviones Rafale y Airbus), o directamente recibieron sobornos.  De los 22 miembros que votaban, con los años 10 de ellos se vieron salpicados por algún caso de corrupción y violación de ética, estuviese relacionado o no con Catar, y fueron expulsados de la FIFA.

Catar le ganó la votación a los EE.UU. por 14 votos a 8. Si nos queremos poner exquisitos, empezaríamos por excluir del mundial de Catar a los que se dejaron comprar. O sea, en el mundial no estarían ni Francia ni Brasil ni Argentina.

A mí esto de Catar y el mundial me parece puro postureo.  Si quieren que rechine, recordad las olimpiadas de Rusia de 1980 boicoteadas por los EE.UU. El boicot fue secundado por otros 60 países. Algunos lo apoyaron a medias – o sea, postureo – dejando libertad a sus atletas para participar bajo la bandera olímpica (los famosos británicos Sebastian Coe y Steve Owett) o la bandera olímpica de su país (como Australia, Francia, España o Países Bajos).  Todo porque los rusos de Breznev habían invadido Afganistán un año antes. Poco después los EE.UU. apoyaron a los insurgentes que combatían el régimen socialista pro-ruso, entonces unos desconocidos: eran los muyahidines (“aquellos que hacen la yihad”, o guerra santa). Entre ellos estaba un jovencito Bin Laden que acabaría creando Al Qaeda. Son estos de la foto que aparecen con el Sr Reagan. Menudos aliados.

El concepto de boicot o política de cancelación como decimos ahora (estamos cada vez más lerdos) es viejo, muy viejo. Se boicotea al niño que invita a su cumple, los niños-invitados se ponen de acuerdo en no ir (normalmente por culpa de un cabroncete que azuza las huestes) y al final no va nadie o casi nadie. Al enemigo, ni agua, y hacemos piña contra él. Somos como niños. Es tan viejo como el inglés Charles Cunningham Boycott, que allá por Irlanda en 1880 se pasó tres pueblos con los arrendadores de tierras (irlandeses) y estos le “boycottearon”. El caso se hizo público presentándose como una pelea más entre ingleses e irlandeses.  De Boycott, boicot, elemental querido Watson.

Con esto de los boicots me pasa como con muchas otras cosas: cuanto más me dicen que haga o que no haga algo, más ganas tengo hacer lo contrario. Para ponernos exquisitos y clamar contra algo o alguien lo primero que debemos hacer es examen de conciencia. ¿Soy yo tan perfecto como para meter el dedo en el ojo ajeno? El ejercicio tiene miga. Luego vienen las cuestiones culturales, lo que para nosotros es infumable (comernos un perro), a otros les parece natural. Afear conductas puede ser tan reprochable como la propia conducta. ¿Dónde está el límite y qué es lo reprochable?

Además, los boicots van por rachas. Qatar Airways es patrocinador del PSG y Bayern de Munich pero Fly Emirates es el del Real Madrid, línea área estatal de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Ambos países son monarquías “feudales” y aplican normas similares ante la homosexualidad, adulterio, etc. Lo que llaman la sharía. Entonces, ¿Catar no cuela y los EAU sí? ¿Qué pasa con la Formula 1 y la carrera de Abu Dhabi? ¿Les montamos un boicot al petróleo y gas natural de esos dos países? ¿Y a Rusia a la vez? No tendríamos gas ni para los mecheros.

Otra incongruencia: Rusia invadió Crimea en el 2014, el mundial de futbol se hizo en Rusia en el 2018, y, que cosas, no recuerdo a los capitanes de los equipos de futbol llevar el brazalete con la bandera de Ucrania, que hoy ya sabemos todos que es amarilla y celeste. En el 2014 no tocaba, en el 2022 sí. Me pregunto quién será el niño cabroncete que nos está azuzando, como en el cole. Aquí abajo tenéis las preciosas camisetas del Real Madrid, PSG y Bayern (en la manga) con su propaganda de las líneas áreas de la sharía.

En resumen, el mundial lo voy a ver, se pongan los capitanes el brazalete con los colores del arco iris o no. Si realmente quieren denunciar el régimen, sus trapacerías y sus leyes infumables, que se nieguen a jugar contra los que se dejaron comprar. Eso sí que escocería, pero el precio es demasiado alto.

Dedicado a Sir Charles Cunningham Boycott.


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