La mala leche

Escribo en la página inicial de esta bitácora que “me gustan las tonterías que aquí y allí se hacen.” Hoy voy a comentar dos asuntos, que si bien no tienen nada que ver el uno con el otro, demuestran hasta qué punto se hacen tonterías en el país de los tontos, o sea, en las sociedades que se suponen desarrolladas.

El primero es la comercialización de leche cruda, de la granja al consumidor. Guay. Natural como la vida misma. Después de leer unos cuantos artículos, entrevistas y razones a favor y en contra deduzco:

  1. Es una moda importada de los EE.UU. (otra vez importando lo malo)
  2. No está demostrado que la leche cruda tenga mejores propiedades como alimento, o al menos, hay datos y opiniones para todos los gustos
  3. Si tomas leche cruda sin las debidas precauciones – mantenerla refrigerada en todo momento (a 3°), hervirla un buen rato y acabarla en tres días- puedes pillar una buena bacteria (los nombres os los ahorro) con consecuencias incluso mortales
  4. El proceso UHT (Ultra High Temperature) se aplica, además de a la leche, a zumos, miel, yogures, alimentos infantiles, leche de soja, sopas, postres, salsas, etc. Mata bichos y sus esporas lo cual no es tan fácil hirviendo la leche en casa. O sea, trasladamos el proceso de la fábrica a nuestro hogar, y si enfermamos, es culpa nuestra por no hacer las cosas bien. El proceso UHT se generalizo a partir de los años 70
  5. Dicen que la leche sabe mejor. ¿No será porque es entera, con toda su grasita? Además, ¿No habíamos quedado en comer sin grasa, azúcar, sal, colesterol, etc.? La palabra es palatabilidad, lo que es agradable al paladar. Y comer es un placer, no meterse una galleta de avena (o de quinoa o de chía últimamente) que se deshace como un puñado de arena insípida en tu boca

Como entre mis prioridades no está el jugar con la salud, pues va a ser que no. Aunque Heidi y Pablo bebieran leche directamente de la cabra.

heidi

El segundo asunto es incluso más serio. Se trata de las vacunas; o mejor dicho, del movimiento antivacunas. Unas cuantas estadísticas sobre la viruela, el sarampión y la poliomielitis para saber de lo que hablamos:

La viruela: hoy erradicada mundialmente (último caso registrado en 1977 en Somalia). En Europa se estima que mató 400.000 personas, todos los años, a lo largo del siglo XVIII; y de los que sobrevivían 1/3 quedaban ciegos. Por todo ello, en la India a los niños no se les ponía nombre hasta que no la habían superado.

El sarampión: Por primera vez en la historia las muertes anuales a nivel global por sarampión descendieron a menos de 100.000 en 2017, según la Organización Mundial de la Salud. En la década de los ochenta, el sarampión mataba a 2,6 millones de personas anualmente, generalmente niños.

La poliomielitis: todos recordareis a Roosevelt en su silla de ruedas o caminando malamente con un aparato ortopédico. O a Frida Kahlo. Eso era la poliomielitis. La poliomielitis sigue existiendo, aunque el número de casos ha disminuido en más de un 99% desde 1988, cuando se calcula que había más de 350 000 casos en el mundo, mientras que en 2016 solo se notificaron 37.

Puede ser que todos esos datos estén manipulados por las empresas farmacéuticas conchabadas con la Organización Mundial de la Salud; puede ser. Puede ser que cientos o miles de médicos, investigadores, sanitarios y voluntarios en países con enfermedades endémicas, etc. nos estén tomando el pelo o sean tontos; puede ser. Puede ser que en la Asociación Española de Pediatría sean unos mentirosos y que nos quieran engañar para que envenenemos a nuestros hijos; puede ser.

Y además Trump es crítico con las vacunas. Todo un referente.

Pues va a ser que no. El saltarse las vacunas recomendadas a los niños me parece una temeridad. Como entre mis prioridades no está el jugar con la salud, si viajo a países donde lo recomiende el Ministerio de Sanidad español me vacunaré de fiebre amarilla, hepatitis A, rabia, fiebre tifoidea, polio o lo que toque.

Dedicado a los 22 ángeles, 22 niños huérfanos coruñeses inyectados con el virus de la viruela que se usaron como medio de transporte de la vacuna desde España al resto del mundo, conocida como la expedición Balmis. Por cierto, hoy en día sería impensable usar niños para ello; algunos fallecieron de la viruela.

En la época (principios de 1800) la expedición sufragada por la Corona española constituyó una acción sin precedentes y reconocida mundialmente. El propio descubridor de la vacuna de la viruela Edward Jenner escribió sobre la expedición: No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este.

Sobre el mismo hecho Alexander von Humboldt escribía en 1825: Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia.

Y España sin promocionarlo. Como siempre.

Nota 1: El bulo de las vacunas y el autismo se remonta al estudio falseado por el médico británico Andrew Wakefield y publicado en la revista The Lancet en 1998. Wakefield realizó un ensayo clínico en el que participaron 12 niños y relacionó la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola) con el autismo. Dos años más tarde, el Colegio General Médico Británico indagó sobre dicha investigación y terminó retirándole (en 2010) la licencia por actuar de forma deshonesta e irresponsable ya que tanto los métodos como las conclusiones eran falsos. Hoy dicha relación está totalmente descartada.

Nota 2: acabo de leer el en País Semanal un artículo publicado hoy 30 de Julio 2018 sobre los mismos asuntos, incluida la imagen de Heidi. No hay plagio, pero creo que mi imagen de Heidi es mejor.


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