Crisis, ¿Qué crisis?

Como sé que os gusta la ficción empecemos con algo de política ficción:

Queridos madrileños,

Ayer día 21 de Marzo fueron publicadas ciertas noticias sobre un master que obtuve en la URJC hace ahora 6 años.

Parte de lo denunciado es desconocido para mí. No tengo conocimiento de ningún cambio en las notas. Ahora bien, es cierto que estoy en posesión de la certificación académica de dicho master.

La forma en que obtuve dicho título no fue ejemplar: conté con una serie de ventajas – yo diría que extraordinarias – que resultan ser un agravio para el resto de estudiantes, sea de ese master o de cualquier otro.

Y ese no es el camino. Los políticos no tenemos que contar con ventajas ni prebendas. Debemos ser ejemplares; y si no podía asistir a las clases presenciales debido a mis largas jornadas laborales o asistir a los exámenes, pues no hay título. No voy a escudarme en la universidad ni echarle la culpa. Este asunto no es cuestión de culpas, sino de ética.

Por ello presento mi dimisión como Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, con la esperanza de poder seguir trabajando con mi partido por el bien de los españoles y del interés público, con integridad, objetividad, responsabilidad, transparencia, honestidad y liderazgo. Y es por esto último por lo que dimito: los cargos públicos deben defender estos principios con su propio comportamiento, deben promoverlos activamente y apoyarlos firmemente.

Muchas gracias por vuestro apoyo durante todos estos años.                

Bueno, esto más que política ficción es un milagro. Un pasaje bíblico.

La gestión de crisis empresariales es materia de estudio desde los años 80. Hoy en día, debido a la inmediatez y difusión extrema de la información los efectos de una crisis pueden ser devastadores.

Una crisis se puede definir como un momento de gran dificultad o peligro en el que una difícil o importante decisión debe ser tomada.

Por cierto, en chino se dice wēi-jī (危机), “peligro + punto crucial”, y eso de que también significa oportunidad (机会) es producto de un error. Comparten el último y primer carácter respectivamente lo cual ha llevado a dicha confusión. La idea es genial y se acerca a la mentalidad propia de los gurús empresariales pero, lamentablemente, es un bulo.

Ejemplos de crisis hay muchos: la crisis de Toyota en 2009 (los coches se aceleraban solos, 34 fallecidos en accidentes de tráfico) o las cómodas de IKEA que mataron al menos 8 niños en los EE.UU. por no estar fijadas a la pared.

Las empresas, por la cuenta que les trae, tienen sus planes de contingencia para responder ante eventos en los que su reputación puede quedar malparada. Lo harán mejor o peor, tarde o mal, harán lo contrario de lo que dicta el plan, ignorarán los primeros síntomas, etc. pero tienen esos planes. Se tardan años en construir la reputación, y cinco minutos en destruirla.

Los partidos políticos no saben lo que es eso. Lo cual es muy extraño con tan buenos currículos que tienen nuestros políticos. Da igual el asunto: crisis financiera, corrupción, cuestiones éticas, enchufes, etc.

O mienten o lo niegan. Luego amenazan, hacen piña con el “atacado” e incluso puede ocurrir, según como vaya el asunto, que al cabo de algunas semanas ya no se acuerden del nombre del, ahora sí, “apestado”.

No han aprendido nada: qué mejor ejemplo que la Sra. Cifuentes por reciente y por el cúmulo de torpezas, una detrás de otra. En un año este caso se va a usar en todas las universidades (incluida la URJC) como ejemplo de cómo no hay que gestionar una crisis.

La primera herramienta es contar con los medios necesarios para que las alarmas salten: en eso los políticos lo saben todo puesto que son los principales proveedores de noticias y se pasan el día en las redes sociales, ellos o los que escriben en su lugar. También hacen sus propias encuestas para saber qué tal les va. Por tanto, el primer punto, sobresaliente cum laude.

Luego viene la reacción. Eso de esconderse o negar el problema (como Toyota en el 2009) es un error de libro. Es más, hay que matar las moscas a cañonazos.

avestuz

La reacción dependerá de algo tan sencillo como la respuesta a esta pregunta: ¿Es verdad lo denunciado?

Lo que nunca se puede hacer es mentir. En esto, un cero patatero.

En el caso que nos ocupa, aunque la reacción fuese rápida y más que amplia -acordaros de la rueda de prensa del Magnifico Rector y de los documentos aportados, pero falsos- se les olvidó un pequeño detalle: estaban contando una trola.

pinocho

Lo dicho, los políticos no aprenden.

Lo malo es que tampoco hemos aprendido nosotros; somos como un hámster corriendo en la noria de su jaula. Volvemos a la casilla de inicio, eternamente.

Dedicado al diputado gallego de Podemos que dimitió recientemente por haber falseado su CV con un título de ingeniero. El único. Si se presenta otra vez a unas elecciones, le voto.

¡Ay, no puedo! Se me olvidaba que las listas electorales no son abiertas.

 

 

 


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