Cincuenta años

Estás calvete o canoso, la carne de tus brazos cuelga inmisericorde y notas que estás sentado en una silla dura porque te duele el trasero. Algunos ya tomamos pastillas y a todos nos encanta el vino. No tienes miedo a equivocarte porque ya la has pifiado muchas veces y algunas bien gordas: una más no importa. Ya no te cuesta decir que no y sólo derrochas el tiempo con quien te apetece. Incluso te has vuelto más sensible y has aprendido a llorar. Eres generoso a conciencia empezando por ti mismo. Te das cuenta que cada vez necesitas menos, o simplemente nada.

Todo eso son síntomas de que ya tienes más de 50 años. Has aceptado que te estás haciendo viejo y lo valoras.  Ves a los jóvenes – hijos incluidos – cometer tus mismos errores, ser tan tozudos o sordos o arrogantes como tú cuando eras joven. Te gusta el papel de abuelo cebolleta contando batallitas.

Es el momento de responder a dos preguntas:

¿Estoy donde quiero estar? ¿Estoy con quienes quiero estar?

Si alguna respuesta es negativa o has dudado, algo no va bien. Los cincuenta también son un buen momento para cambiar (y salir de la zona de confort).

Escribo esto porque el pasado fin de semana me reuní con 23 antiguos alumnos del colegio, 38 años después de separarnos. A muchos no les veía desde entonces. Antes de ir lo único seguro era la edad de los demás: todos 54.

No sabía lo que me iba a encontrar. Y lo que me encontré fueron muchas personas con la lección de la vida aprendida, sinceramente contentas de ver al resto todavía sano y salvo. Daban igual los logros profesionales o la posición social o el dinero acumulado  porque lo que nos unía eran los recuerdos, malos, regulares o buenos y porque, a cierta edad, ya todo se relativiza.

Unos no habían cambiado nada, otros eran irreconocibles, pero, todos, todos, portaban la sonrisa etrusca.

sonrisa etrusca“La sonrisa etrusca” es una novela de José Luis de Sampedro que comienza con una deliciosa escena de un hombre ya viejo, calabrés, partisano en la guerra y ahora enfermo de un cáncer terminal.  El vigilante de un museo se encuentra intrigado por ese viejo que permanece inmóvil mientras contempla un sarcófago etrusco, con una pareja esculpida sobre él:

”En ambos cuerpos el rojizo tono de la arcilla quiere delatar un trasfondo sanguíneo invulnerable al paso de los siglos. Y bajo los ojos alargados, orientalmente oblicuos, florece en los rostros una misma sonrisa indescriptible: sabia y enigmática, serena y voluptuosa.”

Esa es la sonrisa que se nos queda al cumplir cincuenta años. Dedicado a los 23 etruscos.


2 respuestas a “Cincuenta años

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