Pedro, confinado

Está a punto de comenzar la primavera. Pedro vive con su enamorada en un dúplex, con un espacioso ático con vistas al escailain de la capital. Como personal de servicio cuentan con un cocinero, por supuesto vasco, y un mayordomo chino al que todos llaman Nihao, ya que esta fue la primera palabra que le escucharon decir. Yo Tarzán, tu Jane.

Se me olvidaba Mimi, una insoportable Pomerania de agudo ladrido que taladra el tímpano como una Black & Decker®.

Al cocinero le llaman Koldo aunque su nombre real sea Luis Sánchez García, natural de Monesterio (Badajoz). Luis/Koldo se trasladó al País Vasco para aprender cocina con 18 años. Pedro ha hecho como los del Athletic Club: lo de ser vasco es un concepto relativo, maleable. Viste mucho tener un cocinero vasco; cuando tienes invitados se refieren a él como mi chef, Koldo.

Pedro lleva varios años apareciendo en las portadas de las revistas económicas nacionales como gestor modelo, de éxito, brillante. Sus clínicas de cirugía estética han triunfado a base de contratos basura, prótesis chinas y precios escandalosamente altos, necesarios para que la sociedad más tonta se crea que compran lo mejor. Eso sí, te ofrecen una copa de cava cada vez que vas a la consulta, aunque sean las nueve de la mañana, y el personal de la recepción da cabezazos como si estuviesen delante de la reina de Inglaterra.

Se escuchaban esos días noticias de un virus chino. No prestaron mucha atención hasta que el gobierno decretó el estado de alarma. Todos en casa. Confinados a partir del día 14 de marzo, sábado.

Su enamorada se adaptó a las mil maravillas. Hacía zumba online desde su gimnasio, algo de lectura, paseaba al perro, dos o tres horas al día con Koldo en la cocina mejorando sus artes culinarias, un buen rato practicando Tai Chi con Nihao, y el resto del día Skype con amigas y familia. La cocina se convirtió en el lugar de reunión antes de comidas y cenas, aprovechándose la ocasión para catar las botellas de vino de la carísima bodega de Pedro. Mientras tanto, Pedro nota que no encajaba. Empezó a mirar a Nihao con cara rara, pensando: “Ha sido culpa de los chinos”, y tantas horas pasaba su enamorada con Koldo en la cocina que tenía la mosca detrás de la oreja.

Al cabo de pocos días decidieron que había que comer sano. Como Koldo había pasado un par de años en Portugal, propuso cenar todos los días una sopa portuguesa: les pareció genial, menos a Pedro, machista y carnívoro. Siete días, siete sopas: canja de galinha, caldo-verde, sopa da pedra, sopa de legumes, creme de cenoura, sopa de feijão y por último sopa de agrião.

Pedro empezó a soñar con cucharas, zanahorias y judías verdes que le perseguían. Estaban todos contra él. Fue el detonante.

Nihao encontró un chorizo mordisqueado entre las camisas de Pedro. Luego notaron que había dejado de ducharse y afeitarse. Puso un candado en la bodega, le gruñía al perro y hacia que se comía su hueso, todo ello a cuatro patas. Hablaba por los pasillos y no hacia más que decir ¡Toro, toro, ehee! mientras se ponía de rodillas con una servilleta en su mano, recordando su época de novillero.

Al final dormía de día y por las noches veía la película El Resplandor.

¿Cuántos acabaremos así?

La policía llegó in extremis avisados por una vecina cotilla que vio a Pedro en la terraza haciendo cosas raras.

Encontraron a Pedro todavía en la terraza, vestido de torero, con su montera, muleta, banderillas y estoque de matar. Nihao estaba atado boca abajo en una mesa, con un casco de vikingo puesto, chillando de dolor. Pedro le acababa de poner la divisa en el culo, como se hace a un toro antes de saltar a la plaza.

Divisa verde sobre el morrillo del toro

El cocinero estaba cerca, amarrado como un cerdo con su manzana en la boca y sus patatitas y verduritas alrededor. Solo faltaba empujar un carrito para deslizarlo sobre la barbacoa – la leña ya estaba encendida. Su enamorada, también maniatada a un sofá, estaba viendo continuamente Holocausto Caníbal. Ya sabemos de dónde tomó la idea: 

Escena de la Naranja Mecánica

Mimí estaba hecha papilla en la Thermomix. Había empezado por ella.

Como siempre policía y juzgados fueron incapaces de controlar la información, y los tertulianos radiofónicos y televisivos, que de todo saben y de todo hablan, discutieron durante varios días sobre Pedro. Cualquier nuevo detalle o fotografía que se filtraba servía para añadir más morbo:  los tertulianos hablaban y hablaban sobre el efecto psicológico del confinamiento, y algunos de ellos aprovechaban para echar la culpa al gobierno. Vox convocó una cacerolada para defender a Pedro de un posible juicio mediático, reclamando que el confinamiento y las sopas extrajeras le habían trastornado el juicio.

Dedicado a Stanley Kubrick, Jack Nicholson y Stephen King. Si creéis que la película es genial, mejor id a vivir solos. 

Por si no conocéis a Pedro:

Camarero, la cuenta por favor y la segunda parte

Pedro, torero

Las tribulaciones de Pedro en Portugal

Pedro, político

Pedro, pedro un tío que se viste por los pies


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