Democracia, ¿Para qué?

Se les llena la boca cuando hablan de democracia. ¡Hay que votar!, exclaman. Y yo digo que votar es lo de menos.

Cuanto más viejo me hago (no mayor), menos creo en la democracia tal y como la conocemos. Es un verdadero timo, aquí, allí y en China.

Cuando nuestros políticos muy ufanos dicen eso de que “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos” (frase de Churchill) se refieren exclusivamente a su beneficio, “y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo beneficio político» (…dijo Rajoy). ¿Está claro? Le traicionó el subconsciente.

Otra frase de Churchill, aunque en este caso ningún político se atreve a repetir -aunque lo piensen- es esta: «El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio».

Como veis, yo sí pongo comillas.

La democracia no existe. Solo existe la opinión pública, creada y manipulada. Votamos como quien elige supermercado a los que van a ser nuestros representantes durante 4 años en base a un teórico programa electoral, sistemáticamente incumplido. No le damos ni media pensada a la hora de votar.

Por un lado están los que nunca cambian el voto como quien es hincha de un equipo de fútbol. La comparación es perfecta: tu equipo nunca está en fuera de juego, ni hace penaltis ni da patadas. Los otros unos salvajes montunos que destrozan balón y jugadores contrarios. Ambos bandos piensan que los árbitros están comprados, como los jueces.

Luego están los que votan según las circunstancias y los candidatos. Estos son los peores porque se dejan embelesar por los cantos de sirena, las promesas, la labia o el aspecto del futurible presidente. Los resultados pueden ser cuando menos curiosos.

gil

Como yo sobre democracia no sé nada me he dedicado a leer, eso sí, cositas fáciles de entender. La conclusión es que no vivimos en democracia. O al menos, no como la implementaron los griegos de Atenas, hace 26 siglos. No voy a enrollarme para explicar cómo estaban organizados pero sí voy a destacar tres elementos:

  1. El primero y que más me ha llamado la atención es que los cargos públicos eran elegidos por simple sorteo entre los ciudadanos que se presentaban (eso sí, solo varones: nada de mujeres, niños, esclavos o extranjeros).
  2. Esos ciudadanos que se presentaban debían pasar un examen. Los detalles no los conozco, pero imaginaros un examen de Pitágoras o Arquímedes: igual eran todos unos matemáticos increíbles.
  3. Todas las leyes eran votadas a mano alzada en la Asamblea (Ekklesia) por los ciudadanos que allí acudían y todos tenían derecho a dar soy opinión. La ekklesia es un lugar real, en la imagen de abajo tenéis lo que queda de ella.

ekklesia

Igualito que ahora. Cuáles son las ventajas de la democracia ateniense:

  1. No hay elecciones, ni partidos políticos, ni listas, ni programa electoral; solo cargos elegidos por sorteo. Ya no representan al pueblo, ni pueden hablar en su nombre.
  2. Nada es aprobado sin consulta general (Ekklesia) por tanto esos cargos no pueden hacer a su antojo.
  3. Todo cargo debe pasar una serie de pruebas. Se elige por sorteo a los que cumplen un mínimo.
  4. Se estima que todos los ciudadanos atenienses fueron al menos una vez en su vida un cargo público. No como en España, donde unos pocos cientos de miles de ciudadanos pasan de sillón a sillón, y tiro porque me toca. Los cargos rotaban.

Conceptualmente, eso de ser “cargo” en lugar de “representante” es significativo. La palabra “cargo” hace referencia a un puesto que conlleva una obligación o carga impuesta. Deriva del verbo  cargar. Este verbo procede del latín carricare, a su vez derivado del latín carrus (carro). Conclusión: Un cargo no es un chollo.

Por increíble que parezca y gracias a internet y a todos los programas desarrollados se podría volver a los orígenes. Consultas a los ciudadanos regulares para aprobar leyes, exámenes entre los candidatos, selección aleatoria de cargos, etc. podrían hacerse telemáticamente. También es cierto que para los ciudadanos sería una gran faena: nos tocaría leer mucho y ser responsables de lo que se aprueba, pero también es seguro que el número de leyes, decretos y demás reglas se reducirían al mínimo imprescindible, no como ahora. Volvemos al concepto de libertad = responsabilidad.

Como estimo que nuestros políticos tardarán unos doscientos años en implementar la anterior propuesta – no les interesa -, propongo mientras tanto sustituir a nuestros diputados y senadores de todos los parlamentos por robots. Sí, robots. Si hay trenes sin maquinistas, supermercados sin cajeros, estaciones de servicio desatendidas, cadenas de montaje sin apenas personal, etc…  ¿No puede un robot apretar un botón?

Sé que dicen que trabajan mucho, que no tienen fines de semana, que supone mucho estrés, pero…..si es así: ¿Por qué hay puñaladas cuando se confeccionan las listas electorales? Además, los robots no se equivocarían a la hora de votar como algunos diputados.

Si esta propuesta es refutada por unas hipotéticas y muy escasas votaciones “en conciencia”, entonces, aún con más razón, me niego a que me representen. Mi conciencia es mía y solo mía.

pericles

Dedicado al siglo V a.C., el siglo de Pericles, cuando se hizo realidad la democracia ateniense basada en los principios de soberanía popular, libertad e igualdad expresados en sus instituciones y magistrados.


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