Van y se piden…. ¡Mus!

¿Qué es darse mus? Al inicio de la mano, y si las dos parejas que se enfrentan en una partida de mus están de acuerdo, se pide mus y se vuelven a repartir cartas, pudiéndose quedar los jugadores con las cartas que les interesen. Pedir mus suele ser de jugadores mediocres o cobardes, pues siempre buscan cartas imbatibles (31 de mano, duples de reyes, etc.) para vencer al rival, en vez de jugar con inteligencia o astucia. De hecho, siempre uno de los 4 jugadores tiene mejores cartas que los demás, por lo que nunca debería pedirse mus.

Cuatro son los jugadores que llevan cuatro meses guiñándose los ojos, haciendo gestos (de eso van más que sobrados) pero nada. Han pedido mus porque con las cartas que les han tocado no saben qué hacer. No se han puesto de acuerdo.

Las razones que se me ocurren son variopintas y posiblemente es una combinación de torpeza, alguno demasiado  listo,  exceso de testosterona, miedo a tomar decisiones, mirada corta o egoísmo.

Seguro que si ninguno de los cuatro principales candidatos tuviese el derecho a presentarse de nuevo a las elecciones la cosa iría más suave; de hecho bien podría aplicarse ese principio al resto de senadores y diputados ahora electos. O sea, eso de renovar el contrato ni hablar. Como guinda se les podría pedir que devolviesen el salario cobrado desde el 21 de Diciembre por no conseguir resultados.

Si fuesen esas las condiciones en caso de repetir las elecciones seguro que ya teníamos gobierno.

Estoy perplejo. Parece que nuestros políticos estén jugando al mus en la taberna del pueblo o en la cafetería de la universidad.

Además, si los candidatos no cambian, ni los programas, por qué hemos de cambiar el voto al cabo de medio año?

El mus es un juego genial, apto para mentes privilegiadas (Mingote o Adolfo Suarez, por ejemplo). Sirva como síntesis el prólogo del Rey Juan Carlos I al libro del periodista Manu Leguineche La Ley del Mus: El mus es, como nuestro pueblo, divertido pero exigente, repugna a la pereza y disciplina el carácter, educando a los vanidosos, compensando a los pacientes, tentando a los audaces y, al final, imponiendo a aquellos que conjugan mejor el valor de sus recursos con la oportunidad del envite.

Van y se piden mus.


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