De curas y militares

Existen dos organizaciones que permanecen impertérritas siglo tras siglo, milenio tras milenio. Solo necesitan algún cambio cosmético para adaptarse a los nuevos aires, eso después de mucho pensárselo. Ni se despeinan. Me refiero a las fuerzas armadas y a las confesiones religiosas, por ejemplo la iglesia católica.

Es evidente que no siempre los vientos soplan a favor de ellas y muchos terremotos hacen cimbrear sus columnas haciendo caer pequeños trozos de piedra. Pero aguantan el tipo a pesar de los recortes en los presupuestos, su machismo inherente, tener que repensar el rol de la mujer, e incluso a pesar de la pederastia oculta, todo ello bajo el fuego cruzado que sus feroces enemigos. De corrupción no hablo por ser algo intrínseco al ser humano, sea cura, militar o dentista.

Los países van y vienen, la Unión Europea desaparecerá, al igual que la URSS se derritió como un azucarillo. Lo siguiente serán los bancos como los conocemos, el dinero (las criptomonedas llegaron para quedarse), e incluso la forma de trabajar. Sobre España, es curiosa la terminología de la constitución española sobre España y el rey, “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia,../..”. A ver cuánto dura la permanencia; igual menos que la del Cádiz en primera división a este paso. Lo que está certificado es que Los militares y la iglesia permanecerán, se llame Reino de España, República de los Territorios Ibéricos, Iberia o lleguemos a la creación de 17 países independientes.

Hay cuatro elementos que caracterizan a las fuerzas armadas y las organizaciones religiosas. El primero, es que les vuelve locos un uniforme y que se distinga, sin lugar a dudas, cual es el superior jerárquico. El segundo es que siempre quieren estar cerca del poder. El tercero es el gusto por las tradiciones y el protocolo. La cuarta y última es su organización: jerárquica, férrea, de designación digital (de dedo), excepto en el caso del Papa que se elige en el cónclave. Por cierto, el cónclave es la reunión de los cardenales con derecho a voto (los menores de 80 años, unos 120 hoy en día). Este cónclave tiene lugar en la Capilla Sixtina y los cardenales permanecen en todo momento aislados del exterior (cónclave, del latín cum clavis, “bajo llave”) y no pueden montar su propia campaña electoral pero si apoyar a terceros. Cosa curiosa, cualquier bautizado puede ser elegido Papa, excepto si es mujer. Si no es obispo -condición necesaria-, se le nombra inmediatamente tras su nombramiento.

Antes he mencionado que ambas organizaciones siempre buscan estar cerca del poder, pero hay una orden religiosa, La Compañía de Jesús (los jesuitas), con la rara habilidad de hacerse expulsar de algunos países.  España es la campeona y les expulsó en los siglos XVIII, XIX y XX, esta última con la llegada de la segunda república. En los siglos XVIII y XIX batieron todos los récords y consiguieron tocar las pelotas, en algunos casos más de una ocasión, a portugueses, brasileños, colombianos, costarricenses, ecuatorianos, franceses, holandeses, alemanes y austriacos, rusos y suizos, y un siglo después otra vez a franceses y portugueses. Qué habilidad. La expulsión de 1767 de todos los territorios españoles fue sonada, recordad la película de La Misión ambientada justo en esa época.

A pesar de todo lo anterior los jesuitas son imperecederos. Incluso tenemos un Papa jesuita, Francisco I, que, casualidades de la vida, se reunió hace bien poco con una comunista del gobierno de España.

Supongo que hablarían de su expulsión de España durante la segunda república: ¡Qué tiempos aquellos, Yolanda, como ardían las iglesias! debió exclamar Francisco al despedirse.

Ella posiblemente le contestaría con un Si, y luego vino un caudillo por la gracia de Dios, que por cierto lo paseabais bajo palio.

A ver si va a resultar que esta Yolanda y este Francisco van a hacer más por la memoria histórica y la reconciliación que lo hecho en 45 años.

Dedicado a militares y curas, que visto lo visto son profesiones con futuro. Y el gobierno sin enterarse.


2 respuestas a “De curas y militares

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